La falta de tiempo es uno de los problemas más habituales dentro de un estudio de arquitectura.
Pero muchas veces el problema no está únicamente en la cantidad de trabajo.
Está en todo lo que ocurre alrededor del proyecto.
Pequeñas acciones que parecen insignificantes de forma aislada, pero que se multiplican cuando el estudio gestiona varios proyectos simultáneamente.
Y ahí aparece una pregunta interesante:
Cada herramienta puede funcionar perfectamente por separado.
El problema aparece cuando para entender el estado real de un proyecto necesitamos consultar cinco lugares diferentes.
La dificultad no está necesariamente en utilizar muchas herramientas.
Cuando la información queda fragmentada, alguien termina dedicando tiempo a reconstruir lo ocurrido.
“¿Este es el plano definitivo?”
“¿Cuál fue el último PDF enviado?”
“¿Se modificó después de la reunión?”
“Creo que está en la carpeta de ejecución.”
Son preguntas habituales dentro de cualquier flujo de proyecto.
El problema aparece cuando se repiten varias veces al día.
Cinco minutos buscando un archivo no parecen relevantes.
Pero cinco minutos multiplicados por varias personas, varios documentos y varios proyectos terminan convirtiéndose en horas.
La gestión de versiones sigue siendo uno de esos trabajos invisibles que acompañan constantemente a la producción técnica.
Muchos proyectos no avanzan únicamente mediante planos y documentos.
Avanzan mediante conversaciones.
En esos momentos se toman decisiones que pueden afectar al proyecto:
Si esas decisiones no quedan correctamente asociadas al proyecto, semanas después alguien tendrá que recordar qué se decidió, cuándo y por qué.
El problema no es únicamente encontrar información.
Una reunión puede durar treinta minutos.
Pero después hay que:
Lo mismo ocurre durante una visita de obra.
La información se genera en el momento, pero después necesita convertirse en acciones.
Dentro de esos documentos pueden existir:
El problema es que la información permanece dentro del documento hasta que alguien la lee, interpreta y transforma en seguimiento.
La tecnología puede ayudar precisamente aquí.
No necesariamente tomando decisiones por el arquitecto.
Sino realizando parte del trabajo repetitivo que rodea a esas decisiones.
Cuando hablamos de inteligencia artificial aplicada a arquitectura, gran parte de la conversación se centra en generación de imágenes o diseño.
Pero existe otra aplicación posiblemente menos espectacular y mucho más cercana al trabajo diario.
Utilizar IA para:
El objetivo no debería ser sustituir el criterio profesional.
Debería ser eliminar parte del trabajo administrativo y repetitivo que consume tiempo al equipo.
La fragmentación puede pasar desapercibida cuando gestionamos uno o dos proyectos.
Pero cuando aumentan los encargos aparecen:
Entonces el sistema de organización empieza a ser tan importante como la propia capacidad de producción.
Porque un estudio puede tener capacidad técnica para asumir más trabajo y, sin embargo, encontrarse limitado por la forma en la que gestiona la información.
Esta es precisamente una de las preguntas que nos hemos planteado trabajando con estudios de arquitectura.
¿Cómo podríamos conseguir que notas, reuniones, documentos, tareas, incidencias y decisiones permanecieran relacionadas con el proyecto al que pertenecen?
¿Cómo podríamos utilizar inteligencia artificial para reducir trabajo repetitivo sin sustituir el control del arquitecto?
A partir de estas preguntas desarrollando NuvikArq.
Una herramienta pensada para ayudar a estudios de arquitectura a centralizar el contexto de sus proyectos y transformar información dispersa en seguimiento útil.
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